
Por Paloma Serrano
El pasado viernes 06 de marzo estuvimos en la Oficina del Parlamento Europeo en España participando en un encuentro de reflexión y diálogo con las eurodiputadas españolas de la Comisión de Derechos de las Mujeres e Igualdad de género (FEMM) y con el apoyo de la comunidad #DóndeEstánEllas. Compartimos nuestra intervención que estuvo marcada por visibilizar tres importantes focos en materia de igualdad : los avances, los retos y el impacto de las políticas europeas sobre maternidad y conciliación, siempre desde la mirada perinatal.
AVANCES
Hace cuatro décadas, cuando España firmó su adhesión a la Comunidad Europea, el contexto laboral era bastante diferente al actual, con un porcentaje más bajo de mujeres como trabajadoras asalariadas. La maternidad era, principalmente, un asunto privado. Conciliar era una responsabilidad individual y única de las mujeres.
Los pasos han sido paulatinos y seguimos trabajando por visibilizar los cuidados. Pertenecer a esta Comunidad ha sido un motor clave para transformar esta realidad.
Algunos de los grandes hitos han sido las legislaciones relativas a establecer permisos parentales y de cuidados o reconocer que el embarazo no puede ser motivo de discriminación laboral.
En España, en estos 40 años hemos asistido a cambios estructurales como la incorporación masiva de las mujeres al mercado laboral y también al desarrollo de políticas de igualdad, observatorios, Instituto de la Mujer y seguimiento de las acciones por parte de profesionales
especializadas.
En agosto de 2025, se han modificado las leyes relativas a los permisos por nacimiento y cuidado del menor.
La atención a la salud mental materna es relativamente reciente. La Pandemia-COVID amplificó y visibilizó la urgencia de abordarla. En el 2025, se incluyó por primera vez la salud mental perinatal en un Plan Nacional de Acción de Salud Mental.
Hablar de conciliación y de protección de la díada (madre-bebé) no es solo una política laboral, es una política de bienestar. Cuando una madre dispone de tiempo protegido y apoyo institucional para criar, disminuyen los riesgos de agotamiento, cansancio y, por ende, de sufrimiento psíquico. Los trastornos mentales perinatales no sólo afectan a la madre: son un asunto familiar, sistémico y de salud pública.
Conciliar no es únicamente ajustar horarios; maternar es una cuestión que requiere un reconocimiento social. Es permitir que la maternidad no penalice y que la igualdad se traduzca en equidad.
Si algo hemos aprendido es que los derechos avanzan cuando se pone el foco en la escucha de las necesidades sociales y, en este caso, en las voces de las madres. De este modo, la salud mental perinatal no se puede considerar un asunto secundario. Es un indicador de calidad democrática en nuestra sociedad.
RETOS
Si los últimos 40 años hemos nombrado numerosos avances, el presente nos exige honestidad. A día de hoy perdura una gran brecha estructural. Muchas mujeres retrasan su maternidad debido a la precariedad laboral, a la crisis de la vivienda o a exigencias cada vez mayores para acceder a empleos más cualificados. Esto lleva a procesos de fertilidad en edades avanzadas o procesos de congelación de óvulos en etapas fértiles sin que se considere la opción de generar políticas que protejan el poder de elección en torno a la maternidad.
La conciliación, en la práctica, sigue siendo una cuestión que mayormente asumen las madres, teniendo tasas más altas de excedencias, reorganización de su trayectoria laboral, reducción de jornada, etc Esto tiene un impacto directo en la brecha salarial, en las pensiones futuras y en situaciones de dependencia económica o de precariedad, así como en su salud mental.
Muchas mujeres viven su maternidad en soledad, las redes familiares se reducen y el cuidado sigue descansando en estructuras invisibles y feminizadas. La conciliación se convierte en privilegio cuando debería ser un derecho.
Como señala el informe europeo de Make Mother Matter ocho de cada diez mujeres españolas encuestadas decían sentirse sobrecargadas y más de la mitad haber padecido trastornos como ansiedad o depresión.
Por ello, pedimos que se potencien medidas de financiación pública que permitan a las madres la elección de poder cuidar a sus bebés sin que su economía se vea afectada, aumentando los permisos parentales, retribuidos y teniendo en cuenta, como mínimo, las recomendaciones de la OMS referidas a la lactancia materna y la importancia del primer año de vida del bebé.
Se deben establecer medidas flexibles que permitan a cada familia organizar su tiempo como mejor considere, por ejemplo, reducir la jornada laboral a cuatro días a la semana sin que se vea afectada la retribución salarial o facilitar el teletrabajo siempre que sea posible.
Aumentar las plazas públicas para los menores de 0-3 años, habilitando espacios amables con la infancia, disminuyendo la ratio por acompañante y en los que los trabajadores de la escuela infantil puedan tener salarios que les permitan permanencia y bienestar.
No todas las maternidades se viven igual. La precariedad laboral, el empleo temporal o el desempleo limitan el acceso a derechos reales. La brecha no es solo de género; también es de clase.
En 2024, desde el IESMP realizamos una investigación sobre los recursos de salud mental de atención a las madres en la sanidad pública, lo llamamos el “Mapa del desierto” debido a la escasez de recursos, muchos de ellos promovido por el interés de las propias sanitarias. Tras presentar esta investigación en el Ministerio de Sanidad y solicitar además datos cruzados con el INE, para poder evaluar la incidencia de la salud mental en la población general, nos invitaron a participar en el comité de profesionales del Plan Nacional de Salud Mental.
Resulta especialmente preocupante la ausencia en nuestro país de Unidades de Hospitalización Madre-Bebé (Mother and Baby Units, MBU), dispositivos especializados que sí forman parte del sistema sanitario en otros países europeos como Francia o Bélgica.
Las MBU son unidades de ingreso psiquiátrico diseñadas específicamente para mujeres que presentan trastorno mental grave durante el posparto. Su principal característica es que permiten la hospitalización conjunta de la madre y su bebé, evitando la separación en un
momento crítico para el vínculo temprano y favoreciendo la recuperación temprana y los cuidados sensibles del trauma.
Es urgente establecer programas de atención salud mental perinatal con mayor homogeneidad a nivel territorial y formar a todos los profesionales implicados en la atención a madres y bebés.
Impacto Europa en mi profesión.
Cuando hablamos de políticas europeas sobre maternidad y conciliación, a veces parece que estamos hablando únicamente de desarrollo profesional o de organización del tiempo. Pero desde mi práctica como psicóloga perinatal y desde el Instituto Europeo de Salud Mental
Perinatal, sabemos que estas políticas tienen un impacto directo en la salud mental de las mujeres.
Esto se traduce en cambios muy concretos. Por un lado, existe una mayor conciencia en las mujeres sobre sus derechos. Ya no se vive de la misma manera la reincorporación laboral; hay más reflexión y posicionamiento. Sin embargo, cuando la implementación real de estas
políticas no acompaña, es decir, cuando la cultura empresarial sigue penalizando la maternidad o cuando la corresponsabilidad no se da en lo cotidiano, aparece un malestar intenso envuelto en culpa, miedo o soledad.
La ampliación de los permisos de paternidad, en coherencia con las recomendaciones europeas, ha sido un elemento protector relevante. En muchos casos, la presencia activa del padre o pareja de la madre, en las primeras semanas reduce el aislamiento materno y favorece un mejor ajuste emocional en el posparto.
Las políticas europeas no solo han impactado en la conciliación, sino también en el reconocimiento de los derechos sexuales y reproductivos. En 2021, el Parlamento Europeo aprobó una resolución pionera en la que se reconoce la violencia obstétrica como una forma de violencia contra las mujeres. Este reconocimiento institucional es especialmente relevante para quienes trabajamos en salud mental perinatal, porque legitima el sufrimiento de muchas mujeres que han vivido partos traumáticos o experiencias de trato deshumanizado.
Cuando una instancia política nombra la violencia obstétrica, lo que está haciendo es transformar una vivencia individual de culpa en una cuestión estructural. Esto cambia radicalmente la narrativa para comprender que lo vivido ha sido una vulneración de derechos. Existen iniciativas magníficas de reparación y justicia restaurativa.
Es necesario nombrar todos los tipos de violencia que se ejercen contra las mujeres, como la violencia de género que, según los datos, sabemos que se agrava durante la gestación y el posparto y la ya mencionada violencia estructural.
En noviembre 2025: el Parlamento Europeo, en su resolución sobre la Estrategia para la igualdad entre mujeres y hombres, condenó sin paliativos ni excepciones la gestación subrogada en todas sus modalidades e hizo un llamamiento a los Estados contra esta práctica que explota reproductivamente a las mujeres, sobre todo aquellas más vulnerables.
El instituto Europeo nace del activismo por las madres y la vocación por la colaboración europea. En sus orígenes está la fundación del El parto es nuestro por Ibone Olza e Isabel del Castillo, entre otras, , también la integración en la red europea ENCA y la participación en dos
COST ACTION importantes para las madres. La cost ACTION BIRTH (2014-2018) fue pionera en la inclusión de un grupo de activistas de toda la unión europea que trabajaron en un documento sobre la psicología del parto y COST ACTION DEVOTION (2019-2013) sobre PARTO TRAUMATICO, supuso un salto cualitativo en el conocimiento sobre las consecuencias de este tipo de trauma en la vida de las mujeres europeas.
Finalmente, no podemos olvidar que las políticas europeas conviven con realidades muy diversas. Las mujeres con empleo estable suelen beneficiarse más de estos avances. En cambio, las autónomas, las trabajadoras precarias o las mujeres migrantes continúan enfrentando mayores riesgos de vulnerabilidad psicológica en el periodo perinatal.
En definitiva, consideramos que las políticas europeas han sido fundamentales para establecer un marco de derechos y para situar la maternidad en el debate público. Pero desde la clínica vemos que el bienestar psicológico no depende solo de la existencia de la norma, sino de su aplicación real y de una necesaria transformación cultural.
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